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El Papa Francisco: ‘Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda criatura’

El Papa reza por quienes realizan servicios funerarios. La fe es siempre misionera

Papa Francisco
Papa Francisco
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Francisco preside la misa en la Casa Santa Marta el día en que la Iglesia celebra la fiesta de San Marcos Evangelista. En la introducción dirigió sus pensamientos a los que realizan servicios funerarios durante este período.

Recemos juntos hoy por los que realizan los servicios fúnebres. Es tan doloroso, tan triste lo que hacen, y sienten el dolor de esta pandemia tan cerca. Recemos por ellos.

En su homilía, el Papa comenta el Evangelio de hoy (Mc 16, 15-20) en el que Jesús Resucitado se aparece a los discípulos, exhortándoles a ir por todo el mundo para anunciar el Evangelio a toda criatura y anunciando los signos que acompañarán a los que creen: en su Nombre “arrojarán a los demonios y hablarán nuevas lenguas, podrán tomar a las serpientes con sus manos, y si beben un veneno mortal no les hará ningún daño; impondrán las manos sobre los enfermos y los curarán”.Después de estas palabras, Jesús sube al cielo para sentarse a la derecha de Dios.

La fe – dijo el Papa – es siempre misionera, de lo contrario no es fe. Se lleva la fe con el testimonio de la vida, sobre todo. A veces, hay una falta de convicción de fe, que no es sólo un dato del carné de identidad. Quien tiene fe debe salir de sí mismo y mostrar “socialmente” la fe . Esto no significa hacer proselitismo, es dar testimonio de la fe con servicio, es vivir como cristianos. Antes de decir algo cristiano uno tiene que vivir la fe concretamente. No se transmite la fe para convencer, sino para ofrecer un tesoro. Se lleva la fe con humildad, como dice hoy la Primera Carta de Pedro (1 P 5, 5-14).

En la transmisión de la fe siempre está el Señor, en la transmisión de las ideologías están los “maestros”. Que el Señor nos ayude a vivir una fe abierta y transparente – es la oración final del Papa – que lleve la salvación a los demás.

A continuación la homilía del Papa según nuestra transcripción:

Hoy la Iglesia celebra a San Marcos, uno de los cuatro evangelistas, muy cercano al apóstol Pedro. El Evangelio de Marcos fue el primero en ser escrito. Es sencillo, un estilo simple, muy cercano. Si hoy tienen algo de tiempo, tómenlo en sus manos y léanlo. No es largo, pero es un placer leer la sencillez con la que Marcos narra la vida del Señor.

Y en el Evangelio, que es el final del Evangelio de Marcos, lo que hemos leído ahora, está el envío del Señor. El Señor se reveló como el Salvador, como el único Hijo de Dios; se reveló a todo Israel y al pueblo, especialmente con más detalle a los apóstoles, a los discípulos. Esta es la despedida del Señor: el Señor se va, se marcha, y “subió al cielo y está sentado a la derecha de Dios”. Pero antes de partir, cuando se apareció a los Once, le dijo: “Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda criatura”. Está la misionariedad de la fe. La fe es misionera o no es fe. La fe no es una cosa sólo para mí, para que yo crezca con fe: esto es una herejía gnóstica. La fe siempre te lleva a salir de ti mismo. Salir. La transmisión de la fe; la fe debe ser transmitida, debe ser ofrecida, especialmente con el testimonio: “Vayan, que la gente vea cómo viven”.

Alguien me dijo, un sacerdote europeo, de una ciudad europea: “Hay tanta incredulidad, tanto agnosticismo en nuestras ciudades, porque los cristianos no tienen fe. Si la tuvieran, seguramente se la darían al pueblo”. Falta la misionariedad. Porque en la raíz falta la convicción: “Sí, soy cristiano, soy católico, pero…”. Como si fuera una actitud social. En el carné de identidad te llamas así, así, y “soy cristiano”. Eso es un dato en la tarjeta de identidad. Eso no es fe. Esto es algo cultural. La fe necesariamente te hace salir, te lleva a darla, porque la fe se transmite esencialmente. No es quieta. “Ah, ¿quiere decir, Padre, que todos tenemos que ser misioneros e ir a países lejanos?” No, eso es parte de la misionariedad. Esto significa que si tienes fe debes necesariamente salir de ti, debes salir de ti, y mostrar socialmente la fe. La fe social es para todos: “Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda criatura. Y esto no significa hacer proselitismo, como si yo estuviera en un equipo de fútbol o fuese una sociedad de beneficiencia. No, la fe es “nada de proselitismo”. Es hacer ver la revelación, para que el Espíritu Santo pueda actuar en la gente con el testimonio, y como un testigo con el servicio. El servicio es un modo de vivir: si digo que soy cristiano y vivo como un pagano, ¡no va! Esto no convence a nadie. Si digo que soy cristiano y vivo como tal, eso atrae. Es el testimonio.

Una vez, en Polonia, un estudiante universitario me preguntó: “En la universidad tengo muchos compañeros ateos. ¿Qué tengo que decirles para convencerlos?” – “¡Nada, querido, nada! Lo último que necesitas hacer es decir algo. Empieza a vivir y ellos verán tu testimonio y te preguntarán: “¿Por qué vives así?” La fe debe ser transmitida, pero no para convencer, para ofrecer un tesoro. “Está allí, ¿ves?” Y esta es también la humildad de la que habló San Pedro en la primera lectura: “Queridos hermanos, que en su trato mutuo la humildad esté siempre presente, pues Dios es enemigo de los soberbios, y en cambio, a los humildes les concede su gracia”. ¿Cuántas veces en la Iglesia, en la historia, han habido movimientos, grupos, de hombres o mujeres que han querido convencer a la gente de la fe, convertir… Verdaderos “proselitistas”. ¿Y cómo terminaron? En la corrupción.

Es tan tierno este pasaje del Evangelio. ¿Pero dónde está la seguridad? ¿Cómo puedo estar seguro de que al salir de mí seré fructífero en la transmisión de la fe? ” Proclamen el Evangelio a toda criatura”, harán maravillas. Y el Señor estará con nosotros hasta el fin del mundo. Él nos acompaña. En la transmisión de la fe, siempre está el Señor con nosotros. En la transmisión de la ideología habrá maestros, pero cuando tengo una actitud de fe que debe ser transmitida, está el Señor que me acompaña. Nunca, en la transmisión de la fe estoy solo. Está el Señor conmigo que transmite la fe. Lo prometió: “Estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo”.

Pidamos al Señor que nos ayude a vivir nuestra fe de esta manera: fe de puertas abiertas, una fe transparente, no “proselitista”, sino que haga ver: “Pero yo soy así”. Y con esta sana curiosidad, ayude a la gente a recibir este mensaje que los salvará.

Papa Francisco
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El Papa terminó la celebración con la adoración y la bendición eucarística, invitando a tomar la comunión espiritual. Aquí sigue la oración recitada por el Papa:

A tus pies, oh Jesús mío, me postro y te ofrezco el arrepentimiento de mi corazón contrito que se abandona en su nada y en tu Santa presencia. Te adoro en el sacramento de tu amor, la inefable Eucaristía. Deseo recibirte en la pobre morada que mi corazón te ofrece; esperando la felicidad de la comunión sacramental, quiero poseerte en espíritu. Ven a mí, oh Jesús, que yo vengo a Ti. Que tu amor inflame todo mi ser para la vida y la muerte. Creo en Ti, espero en Ti, te amo.

Antes de salir de la capilla dedicada al Espíritu Santo, se entonó la antífona mariana “Regina Coeli”, que se canta durante el Tiempo Pascual:

Regina coeli, laetare, alleluia.
Quia quem meruisti portare, alleluia.
Resurrexit, sicut dixit, alleluia.
Ora pro nobis Deum, alleluia.

Reina del cielo alégrate; aleluya.
Porque el Señor a quien has merecido llevar; aleluya.
Ha resucitado según su palabra; aleluya.
Ruega al Señor por nosotros; aleluya.

Fuente www.vaticannews.va

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