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El Santo del día y su historia. Fiesta de los Santos Arcángeles, 29 de septiembre 2019

El Santo del día y su historia. Fiesta de los Santos Arcángeles, 29 de septiembre 2019

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El 29 de septiembre se celebra a los Santos Arcángeles Miguel, Rafael y Gabriel, los cuales aparecen en la Biblia con misiones importantes de Dios.

Sobre San Miguel, muy venerado en esta zona, no sólo en el santuario de San Miguel in Excelsis, con más de mil años de historia, levantado en la sierra navarra de Aralar, junto a la cima del monte Archueta, cuya imagen sosteniendo la Cruz contemplamos en un retablo románico, obra cumbre de la esmaltería europea, poco voy a decir. El paraje, desde el que se puede disfrutar de una impresionante panorámica, nos habla de la leyenda del dragón y Teodosio de Goñi -leyenda reforzada por las cadenas que cuelgan junto al hueco de piedra en que podemos, según tradición, asomarnos por el hueco de la pared del templo a la cueva en que éste hizo penitencia hasta que el arcángel le liberó y destruyó al dragón- de su del pasado carolingio, de los remotos tiempos de dólmenes que hoy surgen diseminados entre campas y preciosos bosques de hayas.

Era el Capitan de la celestial Milicia; su nombre se traduce en el lema Quis ut Deus?, (¿Quién como Dios?) -grito de guerra de los ángeles buenos en la batalla librada en el cielo en contra del Enemigo y sus seguidores- lo hallamos cuatro veces en la Escritura, dos en el Libro de Daniel, una en la epístola de San Judas y otra en el Apocalipsis, vinculado siempre con la lucha contra el Demonio.

San Gabriel, que podemos traducir del hebreo como “fortaleza de Dios”, puede ser el más popular entre los espíritus angélicos –ángel, del griego ἄγγελος significa noticia, mensaje… – por ser el mensajero escogido por el Padre para anunciar a la Santísima Virgen la Encarnación de divino Verbo en sus purísimas entrañas.

En cuanto a San Rafael, cuyo nombre podría traducirse como “Medicina de Dios” o “Dios ha obrado la salud”, lo encontramos en el Libro de Tobías, donde aparece primero disfrazado en forma humana, como el viajero acompañante del hijo de Tobías, llamándose a sí mismo “Azarías el hijo del gran Ananías”. La historia de está llena de aventuras, y en ella es visible la influencia protectora del ángel que se muestra de diferentes maneras, incluyendo la atadura “en el desierto del alto Egipto” del demonio quien previamente había matado a siete esposos de Sara, hija de Raquel, y que es pintorescamente relatada. Tras el retorno y la curación de la ceguera de Tobías, Azarías se hace llamar “el ángel Rafael, uno de los siete que se paran ante el Señor” (Tob. XII, 15 y Apoc., VIII, 2).

En cuanto a las funciones atribuidas a Rafael, sabemos por declaración a Tobías, que cuando el último estuvo ocupado en su trabajo de misericordia y caridad, él (Rafael) ofreció sus plegarias al Señor, ya que él fue enviado por el Señor para curar a Tobías de su ceguera y para sacar a Sara, la esposa de su hijo, de las garras del demonio.

De los siete arcángeles que aparecen en la angelología del judaísmo, sólo estos tres son mencionados por las Escrituras canónicas. Los otros cuatro, de acuerdo al Libro de Enoc son Uriel, Raguel, Sariel y Jerahmeel, y de otras fuentes apócrifas obtenemos los nombres de Izidkiel, Hanael y Kepharel. La categoría judía de los arcángeles es reconocida en el Nuevo Testamento (I Thess., iv, 15; Judit, 9) donde sólo Gabriel y Miguel son mencionados en nombre, aunque muchos exégetas lo identifican con el “ángel del Señor” pe la Piscina Probática, mencionado en Juan 5 “un ángel descendía de tiempo en tiempo al estanque, y agitaba el agua; y el que primero descendía al estanque después del movimiento del agua, quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese” hipótesis fundamentada en la importancia del nombre y en la función curativa atribuida a Rafael en el Libro de Tobías.

La angelología, cuyo objeto material es estudio de los ángeles. Es la rama de la teología que intenta explicar el origen y cualidades de los seres espirituales que la tradición judeocristiana llama ángeles. La angelología es una disciplina teológica, mitológica e histórica que se basa en textos religiosos antiguos, obras de arte y observaciones contemporáneas acerca de los ángeles y su papel en el mundo visible e invisible.

No se sabe con exactitud cuándo comenzaron las menciones de los ángeles en los textos religiosos del mundo, pero las figuras de seres alados que sirven la función de ser mensajeros de los dioses aparecen en las religiones más antiguas de la humanidad. Textos milenarios como los de los sumerios, los egipcios, los persas y los hindúes mencionan seres similares a los ángeles.

La Biblia hebrea es la base de la angelología, y la angelología cristiana parte de este texto en su concepción de los ángeles. En la Biblia hebrea, un malakh (plural Malakhim) es un ángel mensajero que aparece también repetidamente en la literatura rabínica y la liturgia judía tradicional. Mal’akhademás quiere decir ángel en el lenguaje hebreo moderno. La angelología hebrea se estudia dividiéndola en tres periodos: el periodo bíblico, el talmúdico y midrásico, y el medieval. En el periodo bíblico, el estudio de los ángeles se basa en las menciones de éstos en la Biblia hebrea. El periódico talmúdico y midrásico añade la interpretación de los rabinos a los eventos bíblicos. En el periodo medieval, surgen la cábala española y la angelología mística. Mientras que en el Talmud los ángeles son instrumentos de Dios, para los angelólogos cabalistas los ángeles podían ser llamados por sus nombres y servían al ser humano.

La angelología mística medieval llegó a su periodo más sofisticado con los judíos alemanes del siglo XIII, que se destacaron por su elaborada descripción de los ángeles y por su adaptación de éstos a todas las necesidades de la vida diaria. Este tipo de angelología hebrea llegó a parecerse más a la angelología cristiana de ese siglo.

Tanto el Antiguo Testamento como el Nuevo Testamento mencionan a los ángeles más de cien veces. Los ángeles tienen algunos de los papeles más importantes en las escrituras. Aunque las clasificaciones de los ángeles en el judaísmo fueron concebidas por Maimónides, en su Mishné Torá. Distintos patriarcas de la Iglesia se han afanado a lo largo de los siglos, en la tarea de establecer órdenes o jerarquías de ángeles. San Ambrosio, San Jerónimo, el Papa Gregorio Magno, el místico Dionisio Areopagita y Tomás de Aquino se basaron en la Biblia para dividir a los ángeles en grupos según su cercanía a Dios. A estos grupos de ángeles se les llama los coros celestiales o angélicos. Cada grupo de ángeles tiene una función.

Comenzando desde la mayor, son las siguientes:

Los serafines pertenecen a la primera jerarquía celestial. Junto con los querubines y tronos, son parte o esencia de Dios. Son los ángeles que llenan el cielo de música.

Los querubines pertenecen al segundo coro celestial. Son los guardianes de la gloria de Dios. Su trabajo es llenar el universo de sabiduría y amor. Su cualidad más esencial es la sabiduría, la cual aportan a todo el universo.

Los tronos son el tercero de los coros de la más alta categoría de ángeles. Sostienen el trono de Dios, y transmiten Su voluntad a las demás jerarquías. Estos ángeles tienen en sus manos la labor de hacer cumplir las leyes divinas. Son los ángeles que se encargan de llevar paz y justicia divina.

Las virtudes se destacan por su luz. Pertenecen a la segunda jerarquía de ángeles. Se dice que son los encargados de conceder milagros y de ofrecer el valor y la gracia de Dios. Se les asocia con la Virgen María y la Pasión de Cristo. En el arte, muchas veces llevan flores o símbolos de María.

Las potestades organizan las tareas divinas y angélicas. Forman parte, junto a las Dominaciones y las Virtudes, de la segunda jerarquía angélica. Se encuentran en nuestra realidad, y tienen a su cargo mantener el equilibrio cósmico y las leyes físicas. Se les llama «custodias de las fronteras” porque vigilan los márgenes entre el mundo espiritual y el físico. Se cree que ayudan a resolver problemas y situaciones desagradables, y a trasmutar lo negativo.

Los principiados son los ángeles de la belleza, protectores del planeta Tierra y guardianes de todas las entidades grandes. Son los encargados de proteger las ciudades y los países. Se les llama también ángeles integradores. Pertenecen a la tercera jerarquía junto con los arcángeles y los ángeles.

Los ángeles acompañan también a los seres humanos en todo momento y se encargan de ayudarlos y protegerlos. Los ángeles de la guarda son los protectores de las almas individuales. Te ayudan en tus necesidades y te acompañan durante toda la vida y más allá. Los ángeles de la guarda, o ángeles custodios, se interpretan de los siguientes versos en Mateo 18:10: “Miren que no menosprecien a uno de estos pequeños. Porque les digo que en el cielo los ángeles de ellos contemplan siempre el rostro de mi Padre celestial”. Son los ángeles que se encargan de acompañar el alma a través de toda la vida y más allá.

Por último, hay que considerar a los ángeles caídos -los que han sido expulsados del cielo por desobedecer o rebelarse contra Dios. La Biblia menciona que muchos ángeles fueron expulsados por haber desobedecido a Dios. El más notorio de los ángeles caídos es Satanás. En los Evangelios, es el enemigo de Jesús, especialmente en los relatos de las tentaciones (Marcos 1:12-13, Mateo 4:1-11 y Lucas 4:1-13) y en los exorcismos (Marcos 3:22-27, Mateo 12:22-30 y Lucas 11:14-23). Otros ángeles caídos son los Grigori, también conocidos como hijos de Elohim. Estos ángeles aparecen en algunos textos apócrifos y en el libro del Génesis.

Aunque en la Biblia se menciona por nombre solo a tres de los arcángeles, Miguel, Gabriel y Rafael, tradicionalmente se ha pensado que existen siete arcángeles de Dios. Esta interpretación se basa tanto en los siete espíritus que menciona el evangelio de San Juan, como en el Libro de Enoc, de la tradición judía y los primeros cristianos. Los nombres de los cuatro arcángeles que la Biblia no menciona varían. El Libro de Enoc menciona a Uriel (o Suriel), Raguel, Saraqael y Remiel. Una amatista tallada, de los tiempos de los primeros cristianos, menciona a Ichtus. Igualmente, por vestigios arqueológicos, tenemos los grabados los nombres de Renel, Uriel y Azael.

Otro texto de los antiguos cristianos, escrito por el profeta Hermas en Roma en el año 100, también mencionaba a seis arcángeles y uno más llamado Ichtus, que quiere decir pez. El pez era un símbolo común para representar a Jesús. Esta visión inspiró la conversión de la “menorá” judía en una cruz con tres velas a cada lado como un símbolo de Jesús acompañado de los arcángeles.

En el siglo IV, el Sínodo de Laodicea prohibió la invocación o adoración a los ángeles. Este concilio fue convocado por el papa Zacarías en respuesta a las quejas de San Bonifacio. Bonifacio era un misionero inglés a quien le fue asignada la tarea de evangelizar a Alemania. Allá se encontró con un rival llamado Adalberto, que decía que un ángel le había otorgado poderes milagrosos y otro le había dado reliquias muy importantes provenientes del mundo entero. Adalberto también usaba oraciones místicas para invocar a ángeles que no entraban en el canon de la Iglesia, como Uriel, Raguel, Tubuel, Adinus, Tubuas, Sabaoc y Simiel.

Adalbert llegó a alcanzar tanta popularidad, que Bonifacio le pidió ayuda al papa. Durante el concilio se prohibió la invocación a los ángeles. También se limitó el número de los arcángeles a tres, Miguel, Gabriel y Rafael. Otro concilio en el año 745 aprobó un día dedicado a los tres arcángeles de la Biblia, pero prohibió los otros nombres. Sin embargo, no faltan obras de arte con fecha posterior a estos concilios que muestran los siete arcángeles. Es posible que se refieran a las visiones de San Juan, o que los demás arcángeles nunca fueran olvidados a pesar de que sus nombres quedaran proscritos hasta la era moderna.

En la antigüedad, especialmente en la tradición judía, los números tenían distintos significados. La gematría, método de lectura espiritual en el que cada letra de un texto tiene un valor numérico, era una manera de añadir niveles de significado adicionales a una lectura. Entre los números más poderosos se encontraba el 7. Este número aparece en la Biblia dotado de esta cualidad. Se dice también que son siete los aspectos de Dios y que cada arcángel representa uno de estos aspectos. Es por eso que sus nombres tienen significados distintos, que cuando se unen, forman un todo. Concepto, como apuntaba, representado por la menorá, que contiene siete llamas representativas de los siete aspectos de Dios.

Los tiempos modernos han traído un resurgir del interés en los arcángeles. Sus nombres se estudian y se mencionan sin temor. Es importante recordar, sin embargo, que los arcángeles representan ideas que solo pretenden impulsar al ser humano en dirección al amor divino. En ese sentido se puede decir que son solo una cosa: la voluntad y el amor de Dios en acción.

Concluyo con estas palabras de Benedicto XVI, en su homilía de la ordenación de seis obispos, el 29 de septiembre de 2007 : “Celebramos esta ordenación episcopal en la fiesta de los tres Arcángeles que la sagrada Escritura menciona por su propio nombre: Miguel, Gabriel y Rafael. Esto nos trae a la mente que en la Iglesia antigua, ya en el Apocalipsis, a los obispos se les llamaba «ángeles» de su Iglesia, expresando así una íntima correspondencia entre el ministerio del obispo y la misión del ángel. A partir de la tarea del ángel se puede comprender el servicio del obispo. Pero, ¿qué es un ángel? La sagrada Escritura y la tradición de la Iglesia nos hacen descubrir dos aspectos. Por una parte, el ángel es una criatura que está en la presencia de Dios, orientada con todo su ser hacia Dios. Los tres nombres de los Arcángeles acaban con la palabra «El», que significa «Dios». Dios está inscrito en sus nombres, en su naturaleza. Su verdadera naturaleza es estar en él y para él. Precisamente así se explica también el segundo aspecto que caracteriza a los ángeles: son mensajeros de Dios. Llevan a Dios a los hombres, abren el cielo y así abren la tierra. Precisamente porque están en la presencia de Dios, pueden estar también muy cerca del hombre. En efecto, Dios es más íntimo a cada uno de nosotros de lo que somos nosotros mismos”.

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